Nota al lector. Mientras terminaba de corregir este texto para después publicarlo recibí una dolorosa noticia. Quiero dedicar este texto a Emily Luna Vázquez, una tierna y dulce escritora. 27.05.2025 Por Rosmalia Alatriste Ha habido pocas escritoras que han marcado mi vida y no porque no existan escritoras, de hecho hay muchas por todos lados, no dudo ahora mismo que en la barra de esta cafetería en la que estoy sentada se encuentre una de ellas junto a mí. ¿Cómo luce?, como cualquier humana, luce lo más humanamente posible que te puedas imaginar. Probablemente la primera vez que supe que las mujeres podían ser escritoras fue cuando vi la película Harry Potter, la piedra filosofal, aunque en ese momento la figura de J.K. Rolling estaba muy difusa para mí, pues el fenómeno de magos rebasaba a la propia creadora. Pero también pudo haber sido que me enterara con una figura supuestamente más cercana a mi cultura, me refiero a la monja novohispana que aparece en los billetes; sabíamos que era una monja que quería estudiar, pero nadie en la escuela nos dijo que era poeta, que escribía y que era brillante. La formación escolar que tuve durante mis primeros años fue bastante escasa; las lecturas que realicé eran las de los libros de texto que nos proporcionaba la Secretaría de Educación Pública. En mi casa nunca hubo libros aunque con el tiempo fueron llegando algunos, casi a cuentagotas. Realmente leer nunca formó parte de las actividades cotidianas de mi familia. Sin embargo, y por azares del destino, cuando era adolescente aparecieron en mi camino dos escritoras, la primera, la cual estoy, con mucho cariño, recordado a propósito de este año tan importante; y la segunda, la que me impulsó, sin ella saberlo, a querer leer. Un día de aquellos mientras cursaba la secundaria en la clase de Formación cívica y ética la profesora María llegó y escribió una frase en el pizarrón, la cual pertenecía a Rosario Castellanos, una frase poderosa que quebró por dentro todo mi ser, mi alma, mis nervios. En ese momento recibí aquellas palabras poderosísimas, sin embargo, tardé muchos años en comprenderlas a cabalidad. Después de ese hecho tuve el primer llamado hacia los libros. En esos mismos años, un día mientras estaba en el supermercado y paseaba por los pasillos encontré una pequeñísima sección de libros junto al estante de CDs y películas, aquellos libros en su mayoría de la editorial Punto de lectura tenían un descuento muy atractivo (casi parecía que los estaban regalando), los revisé y compré los que más llamaron mi atención. De entre esa pila de libros había uno sumamente especial, ¿por qué? no lo sabía bien a bien, pero cuando comencé a leerlo sentía que yo podía ser esa sujeta que narraba, y no precisamente por padecer un trastorno de la alimentación sino porque había algo con lo que me sentía identificada. Ese libro de la escritora Espido Freire lo llevé a la secundaria y lo leía en mis ratos libres; algunos compañeros me preguntaron si yo tenía bulimia o anorexia, lo que me hizo pensar en lo raro que eran los compañeros, aunque ellos pensaban exactamente lo mismo sobre mí. ¿Qué tenían Rosario Castellanos y Espido Freire en común? Algo en sus palabras, en sus mensajes habían hecho que una adolescente se inclinara definitivamente por los libros y por la escritura. Años después, y ya teniendo una relación un poco más estrecha con la literatura, me fui haciendo de libros, ahorraba para poder comprarme tanto los que recomendaba mi maestra de redacción Eleonora, como los que leían mis amigos y me parecían interesantes. También el ejercicio de la escritura la empecé a llevar a cabo de manera muy frecuente, incluso tenía un “cuaderno de escritora”. Un día junto con unas amigas acudí a una feria del libro, en donde paseando por las carpas alcancé a leer de lejos: “Poesía no eres tú”, en ese momento una fuerza me impulsó y me acerqué al estante, saqué el libro y para mi sorpresa la autora era Rosario Castellanos, no dude en comprarlo; era otro llamado. La lectura de Poesía no eres tú me tomó muchos meses, le dediqué horas de sueño; por las noches pensaba en qué quería decir la poeta, intentaba descifrar su lenguaje, sus metáforas, sus imágenes. Los meses pasaban y mientras leía casi sin entender nada caí en cuenta de que estaba cerca de ingresar a la universidad. Con mucho miedo y angustia decidí finalmente inscribirme en la Facultad de Filosofía y Letras, recinto donde Rosario Castellanos se había convertido en licenciada y maestra. Rosario Castellanos fue una escritora y poeta, nació en mayo de 1925. Sobre su vida y obra se ha dicho y estudiado mucho. En libros, diccionarios, investigaciones, artículos, películas, documentales, en nuevas ediciones y material inédito recién publicado se pueden corroborar esta vasta red de investigación, conocimiento y creación. Justamente desde el año pasado varias instituciones culturales y educativas realizaron eventos y homenajes celebrando los cien años de su nacimiento; hoy los festejos siguen. Sin duda la figura de Rosario Castellanos es una de las más importantes en torno a la literatura, la cultura y el periodismo de este país. La crítica literaria ya ha expresado sus valoraciones sobre su narrativa y poesía, pero qué puede decir una simple y terrible lectora como yo. No puedo decir mucho, apenas si me considero una lectora neófita de la obra de Castellanos, lo que sí puedo decir es que creo que la poesía es la vida misma, lo creo porque poetas y escritoras a través de sus versos y narrativas me la han mostrado: Cristina Rivera Garza, Amparo Dávila, Juana Inés, Carmen Boullosa, Dolores Castro… Si bien los estudiosos literarios han reflexionado sobre cómo están hechas las obras; si bien sabemos desde la tradición, el canon y la academia que las obras literarias siguen una lógica interna con sus propias reglas, categorías, recursos, y que necesariamente están hechas de lenguaje y todos sus elementos inherentes, hay algo más que las hace ser tan conmovedoras, y no es el factor expresivo o comunicativo per se, es porque hablan de nosotras mismas, justo ahí me detendría, la poesía es y está hecha de “eso” que construimos a través de nuestra capacidad creativa. Creo que los todos los humanos somos artistas por naturaleza, nuestra capacidad creativa proveniente del único sitio posible: la razón; de tal forma que lo que creamos es netamente humano, y aunque un escritor/a dé vida a un personaje “irreal” o “imposible de existir” en el orden de lo real y mundano, sus bases son enteramente racionales y por lo tanto enteramente humanas. Cuando leo los versos de Rosario Castellanos soy yo la voz poética que está existiendo y entonces la pasión se apodera de mí porque yo me veo reflejada en esa voz que siente, que vive lo mismo que yo. Y cuando leo también me interrogo lo que le está pasando a aquella voz, a ese personaje, a esa sujeta testimonial, y si no logro encontrar una respuesta yo doy alternativas, tejo otro camino paralelo aunque nadie me lo pida como lectora. Mis ideas las vierto en una historia que no es mía pero que me estoy apropiando porque me mueve y conmueve. Precisamente eso me ocurrió con la poesía de Rosario Castellanos siendo yo una adolescente vacía y triste, pero aún hoy me sigue pasando: me reflejo, interrogo y tejo palabras cuando leo sus versos que marcaron mi vida irremediablemente. Dejo aquí algunos de ellos: 1.“Sobre el cadáver de una mujer estoy creciendo, en sus huesos se enroscan mis raíces y de su corazón desfigurado emerge un tallo vertical y duro”. 2. “Una mujer camina por un camino estéril rumbo al más desolado y tremendo crepúsculo. Una mujer que se queda tirada como piedra en medio de un desierto o se apaga o se enfría como un remoto fuego”. 3. “Soy hija de mí misma. De mi sueño nací. Mi sueño me sostiene”. 4. “En mi genealogía no hay más que una palabra: soledad”. 5. “Adolescencia gris con vocaciones de sombra, con destino de muerte: las escaleras duermen, se derrumba la casa que no supo detenerte”. 6. “Mientras escribo escucho cómo crepita en mí la última chispa de un extinguido infierno”. 7. “Sólo el silencio es sabio”. 8. “En mí crece un rumor lento como en el árbol cuando madura un fruto”. 9. “Ah, sería preferible morir. Pero yo sé que para mí no hay muerte. Porque el dolor —¿y qué otra cosa soy más que dolor?— me ha hecho eterna”. 10. “Considera, alma mía, esa textura áspera al tacto, a la que llaman vida”. Este texto que hoy comparto es una pequeña muestra de mi admiración por esta poeta que a cien años de su nacimiento la seguimos recordando con ternura porque sus palabras han tocado nuestras vidas, historias y corazones. Me atrevo a decir que su vasta creación literaria ha trascendido ya la cultura de este país y de hispanoamérica, falta poco para que se vuelva universal.
0 Comments
Your comment will be posted after it is approved.
Leave a Reply. |
A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
CategoriasAll Colección Espía Coleccion Musicos Textos Fugaces © 2026 Rosmalia Alatriste. Todos los derechos reservados.
|
RSS Feed