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10/20/2024 0 Comments Abuelita, te quiero eternamente16 Octubre 2024 Hace cuatro años mi abuela se fue de este mundo y el dolor ha sido, hasta la fecha, insuperable. Pienso que aún está viva, que iré de viaje para encontrármela allá en su tierra. Tomaré el primera plus en la central del norte y después de seis horas habré llegado a la central de autobuses de allá. Y me dirán cuando llegue, ella y mi abuelo, vamos con Carlota a dejarle el pedido. Después iremos directo a la casa y cenaremos quesadillas de tortilla blanca y queso asadero, café con leche de galón y pan de la tienda de la señora Marta. Veremos la televisión y mi abuelo dirá que se irá a bañar mientras mi abuela fuma un benson en el patio. Después de eso notaremos que la noche se vuelve más densa y oscura. Iremos a dormir con la promesa de que mañana será un día hermoso. Mi abuela irá temprano a decirme que ya es hora, que iremos al agropecuario y que desayunaremos por allá. El auto de mi abuelo aún olerá a nuevo. Nunca me acostumbré a ese carro. Prefería el carro viejito color gris en el cual recorrimos todo el estado entregando pedidos. En los años en que yo era una niña, los sábados mi prima y yo íbamos con mis abuelos al reparto, nos compraban unas sabritas y unos refrescos en envase de vidrio, era un refresco rojo o naranja, eso ya no lo tengo tan claro. El carro nuevo es aburrido y demasiado moderno para el estilo de señor que es mi abuelo. Ese día tendremos opciones para desayunar: menudo de por donde están las vías; gorditas del puente derecho de donde está el estadio de básquetbol; o taquitos de cerca del agropecuario. Ir al agropecuario significa ir a comprar la carne para el negocio de mis abuelos. Nunca me gustó ir a las carnicerías, huele raro y la estética es extrañamente sangrienta. Los señores carniceros dan miedo con sus ropas blancas salpicadas de rojo y botas de hule negras. A mi abuela la conocían todos los carniceros de su tierra, pues en el fondo ella también lo era, al igual que su padre. Llegar a casa con la compra era fastidioso, bajar las bolsas sangrientas y de más despensa me daba mucha pereza. Y lo peor se aproximaba, mi abuela tenía que preparar la carne, el comedor se convertiría en una pequeña carnicería. Mi abuela tenía tantos cuchillos que su cocina daba miedo. Ese día, después de los deberes iremos a ver a mi bisabuela y le llevaremos despensa, comeremos en su casa algún guisado con papas y frijoles y probablemente veremos la telenovela del canal 2. Mi abuela atenderá a su madre y platicaran de cualquier cosa, mientras yo, sentada en la cama de mi bisabuela pensaré que es la última vez que me sentaré ahí. Mi bisabuela era una señora seria con cara de enojada, pero en el fondo una mujer con sentimientos tiernos que se los heredó a su hija. Mi abuela nació en Zacatecas en 1954 y fue la mujer más misteriosa que pude conocer. Fue la hija favorita de su padre. Fue educada con mano dura por su madre. Estudió en el Colegio Juárez y recibió un diploma. Era buena con las cuentas y tenía habilidad para conversar con cualquier persona lo que la llevó a poner un negocio que administraba a la perfección. Conocía a la mitad de habitantes de su tierra lo que provocaba que recibiera llamadas telefónicas de mucha gente ya fuera para saludarla o para encargarle pedido. Este diciembre será la última vez que veré a mi abuela, entonces, la abrazaré muy fuerte y le diré que la quiero. Pensaré que sus brazos se quedaron atados a los míos, pensaré que su aroma lo cargo aún en mis ropas, pensaré que su beso lo traigo en la mejilla derecha como tatuado. Rosmalia Alatriste
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A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
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