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11/30/2024 0 Comments Voltea al santo28 Noviembre 2024
El sábado subiremos a ver al santo y rezaremos para que la señorita se case con su amado. Tiene cuarentaitantos y aún está soltera. Su vida romántica la mantuvo en secreto durante años y todos pensaron que se quedaría a vestir santos. Hasta que un día llegó con un galán de aquellos. Por su propia palabra supimos que se iría a vivir con él, mas, él no sabe nada. Yo, como solterone mayor, pondré al santo de cabeza porque ya me sé las artimañas de los enamorados, un día se quieren, un día ya no, y para que no estén jugando, mejor le pedimos al santito que les haga el milagro. “San Antonio con el poder y fuerza del amor, te pedimos que cases a esta mujer y no permitas que su futuro marido se de cuenta de su verdadero carácter.” Rosmalia Alatriste
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21.11.2024 Para MA.S I Soy nefasta Eternamente nefasta, egocéntrica y soberbia Y tú… Hermoso, hermoso como tú solo Tu exquisita piel de gardenia Tus ojos negros de pozo Hablan de tu soledad, De tu profunda soledad Eres una pintura de Caravaggio Cómo te acompaño por los albores y pesares de la vida Niño de alabastro, Cejas negras, Eres mudo pero sabes observar II La pequeña criatura demoníaca me empujó Me empujó con su ardiente ira Pensando que caería en el brutal abismo Y sin quererlo sin saberlo Me empujó hacia ti Tú, estabas allí Mirando el alto y gris cielo perturbado Llorabas en silencio En diminuto silencio, Supe que tu tristeza Se debía al desamor III Niño de alabastro, Soy una bruja Y tú, un sereno infante vagando por el bosque No te fíes No te fíes No te fíes de mí También fui criatura También fui ángel También fui musa. VI Cómo te glorifico Cómo te santifico Antes de que te convierta en estatua Antes de que caigas en mis garras V Vete niño de alabastro Corre por el sendero blanco sin perderte Corre hacia san Ignacio Escucha su cálido consejo Sumérgete en el congelado río VI No vengas hacia mí No vengas hacia el aroma de las flores secas Ni siquiera mires hacia el resplandor Es un verso Es un engaño Una ficción Un teatro. VII Soy el mal, niño de alabastro, soy el mal. Rosmalia Alatriste
11/22/2024 0 Comments Eva voluntad o poema de la vida09.2024 I En el año cero tras las paredes curvas de la vida Esperan Wollen & Helm. Un veintidós de septiembre Se dibujará la segunda órbita de ocho: Te llamarás Rebeca Y te dirán: Fértil tierra cautivadora. II Si fue una piedra, si fue un silencio Si fue un manantial, si fue la hierba Fue una mujer cercana a Eva Yo también he escuchado ese nombre. III En tus años de juventud, Quiero pensar que serás feliz Que andarás por todos los caminos posibles del amor Que conocerás a los cuerpos precisos para abrazar Confiar, reír y amar. IV Treinta y un veces la elipse anduvo sobre sí misma Tras desencuentros, pesares y desaires Nos encontraremos, aunque Otras veces estuvimos ya recorriendo El mismo tiempo, en el mismo lugar fatigoso y anhelado. V A tus sesenta y uno, vislumbraré tu frente Desde la mitad del monte que soy Y que no se eleva hasta tus nubes porque eres Eva Origen de mis jardines Y hábitat de mis células en un universo inexplorado. Cuando nos conozcamos sabremos una cosa: Venimos del mismo sitio, Del sitio más húmedo y cálido, De aquel lugar que vio por primera vez La chispa que encendió el origen del todo. Y sí, Eva de barro ya estaba allí. Eva nos alumbró. VI Creceremos al mismo tiempo: Me dirás una y otra vez hija… Hija, hija, hija, hija… hija infinita. Veintinueve años me dirás hija… Treinta y cinco, cuarenta y ocho, Cincuenta y tres, sesenta y uno. Tendremos la misma edad y nombraremos hija a Sofía ...hermana... ...madre... ...abuela... Rosmalia Alatriste
11/18/2024 0 Comments Ciudad-Cuenca09.08.2024 I Insoportable idea de vivir El caótico instante Inaudita idea de respirar El aire asfixiante De la ciudad contaminada. El manchón gris que la sobrevuela Todavía está Existe Desde 1970. Qué difícil es llegar a ver los cerros Que protegen nuestra urbe, Cual coraza ¿Cuauhtzin? ¿Juxtepec? ¿Tláloc? Hoy vemos más a Mítica destructora. ¿De dónde vendrá esa contaminación? Humo más que negro, que no miente Engendro de los escapes de los grandes camiones del transporte público camiones de carga y tráileres. La policía ambiental es un fantasma. Esta es la ciudad sobrecargada de objetos motorizados Que esquivan cada cinco metros los baches que aparecen en el camino. II En mí Crece un miedo constante Por el insólito vacío Al que me enfrento del arroyo vehicular Sobre todo por las noches Tengo miedo de caer en un bache. Ca- er. En temporada de lluvias, Los hoyos se convierten en pequeñas grandes piscinas Con un rico cultivo del sabor de la tierra mexa. ¿Te ha salpicado esa agüita nutritiva? III Ciudad de los topes: Tope aquí: “Obsérvelo lo pintamos de amarillo y blanco”; No-tope aquí, tope chilango: Plasta de algo negro que se pierde en el arroyo vehicular: “Adivínelo, este tope puede romper el cárter de su auto”. IV Ciudad de los parches deformes. Ciudad de los registros sumidos. Ciudad de las coladeras sin tapa: “En este caso, verdaderamente se irá al hoyo, quedará atrapado para siempre y conectará con el inframundo”. V Ciudad hundida. Ciudad de los lagos y canales Que se evaporan en el tiempo Zumpango, Xaltocan, Texcoco, descansen en paz. Éramos agua Ciudad de agua Teníamos el poder del agua. ¿Estaremos hoy respirando el último aliento de Xochimilco a través de las venas negras del asfalto? VI Es asfixiante respirar el aire lleno de partículas de polvo: Ceniza del Popo Esporas de hongos ancestrales Polen cuasi amarillo Tierra negra seca Arena del Sahara. Qué más es el polvo Sino nosotros mismos. Polvo que entra por la ventana y vuela alrededor de mis libros Pilas de libros acumulados comprados en Donceles. ¿Habrá libros que hablen del polvo? Habrá libros que hablen de la ciudad del polvo: Ciudad polvo Ciudad hundida Ciudad hoyo Ciudad inundada Ciudad de México. Este año se hundió 15 centímetros más. Rosmalia Alatriste
“Oye, ¿no tengo muy largas las patillas?, córtamelas con la máquina…” 16 Octubre 2024 Me pregunto quién me cortará a mis ochentaitantos los pelos de las orejas. Los hijos que no tengo, los hijos que imposiblemente no tenga o alguna peluquera a la que le dé asco atenderme. Mi abuelo se peina con la loción del gitano para que las canas no se le noten. Se peina hacia atrás. Procura cortarse el cabello cada quince días, a veces, antes. No le gusta ir al peluquero porque dice que no sabe hacer su trabajo, le pide que le corte un poquito y termina calvo calvo, obviando que exagera un poco. A mi abuelo le crece más el cabello del costado izquierdo de su cabeza; del lado derecho está más equilibrado; en la nuca tiene piquitos; y de arriba realmente solo tiene tres pelos blancos que dejan ver la coronilla. Su cabello es negro con canas blancas y es muy ralito, por eso se atreve a decir el peluquero que “se le pasa la mano, sin querer”. Mi abuelo me dice: “hija, me cortas el cabello”, y claro, yo como la artista que soy aprovecho para hacer una obra pelística. La cosa no queda muy bien, pero tampoco queda como corte de escuela de belleza: gratuito y con mordida de burro incluida. Masomenos me defiendo al usar las tijeras o eso quiero pensar. ¿Qué puede significar un simple corte de cabello mientras se platica lentamente o se deja que el silencio invada la conversación? “-Déjame verme al espejo -¿Cómo ves? -Córtame más, aún se me ve largo -Si, abuelito… -... -...” Puede significar el último momento cálido que pasas con ese adulto mayor. Mi abuela me dice: “tu abuelo está obsesionado con cortarse el cabello”, y precisamente sí, es el señor más necesitado de cortarse el cabello para no verse desalineado. Y ahora que lo pienso bien, yo también soy esa persona que se corta el cabello cada semana y odia profundamente ir con el estilista, que no me estiliza nada. El cortarse el cabello es el ritual que nos mantiene, a mi abuelo y a mí, en una estampa cotidiana que se desea que no cambie, es como mantenernos siempre iguales a pesar del tiempo, de los años, de las arrugas, de los achaques… de la enfermedad, de la vida. Rosmalia Alatriste 11/1/2024 0 Comments retrato de ofrenda
23 Octubre 2020
El primer recuerdo y último que tengo de una ofrenda en mi casa en mis años de niñez habrá sido cuando yo tenía apenas unos siete años. La pusimos en la mesita de madera donde mi abuela tenía el teléfono. La ofrenda era sencilla: un poco de sal y agua, una veladora, algunas flores de cempasúchil y la foto tamaño infantil de mi bisabuelo que era la única que mi madre tenía de él. El bisabuelo murió en el año 1992. Yo sabía muy poco de aquel hombre, siempre pensé que era japonés por aquellos ojos rasgados que se cargaba. Murió víctima del queso de cabra. También recuerdo las ofrendas que ponían en mi primaria: grandes y abundantes. Ya para los tres de noviembre nos regalaban la fruta o los dulces que eran de los “muertitos”. Tengo algún recuerdo, pero no muy claro de las ofrendas de la secundaria. En algunas ocasiones fui a la ahora extinta megaofrenda de Ciudad Universitaria; incluso una vez participé en ella, precisamente fue en aquel año que se recordó a la majestuosa artista Remedios Varo. Después de este hecho en mi casa comenzamos a poner ofrendas casi cada año, mi gusto por las ofrendas nació de allí. Al principio no había a quien recordar más que al bisabuelo, después se le unió mi perro, este compañero murió en la colonia portales, víctima de un mal de corazón. Pasaron los años y nadie faltaba. No había muertos a quien recordar o no cercanos. Fue hasta el año en que mi bisabuela se fue después de haber vivido 88 años. No fue víctima de nada ni nadie o quizá, sí, del tiempo, los secretos y del misterio. Meses después se marchó la otra bisabuela víctima de su locura y mentiras. Y ocho meses más tarde mi abuelo se fue, víctima del Sistema de Salud Público y víctima del abandono familiar. Ahora la ofrenda tenía cinco fotos, cinco seres eran recordados simbólicamente cada año. La vida ya no fue igual después de esas muertes. La vida se sentía más pesada, más triste. La última vez que vi a mi bisabuela fue un diciembre, ella se encontraba bien, habíamos estado platicando en su recámara, al rato, abrió su cajón y me regaló una pulsera. Lo último que hice por ella [si eso es hacer algo] fue quitarle las pelusas a unos mallones que usaba debajo del pantalón porque le daba frío en las piernas. Al día siguiente la bisabuela se puso enferma, me despedí mientras ella, acostada en su cama con su cobija color café, me dijo algo que no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo es que me llamó por mi nombre. Supo que yo estaba ahí, quiero pensar que fue el recuerdo más lúcido que tuvo de mí en toda su vida. De igual manera ese diciembre fue la última vez que vi a mi abuelo, nos despedimos arriba de un camión de primera plus, intuyo que él sabía que era la última vez que nos veríamos, lo vi en sus ojos; se despidió de mí como si supiera que jamás volvería a verme. Lloró inconsolablemente. Sin querer nos despedimos. Me dio mucha tristeza verlo así de afligido y desamparado. Yo tenía la ilusión de que nos encontráramos en el verano. Sin embargo, no fui por razones que no recuerdo ahora.... El dolor perdura. Soñé durante mucho tiempo a mi abuelo y a la par, también soñé con un gatito callejero que muy seguido venía a mi casa a dormir y comer, un día no volvió, fue víctima de un vecino neurótico... asesino. La figura de mi abuelo la asocio mucho con ese gato solitario. Hace una semana se fue mi abuela, víctima de la soledad, del desamor, del odio, del abandono. Todos la dejamos morir, los que vivían cerca y los que vivíamos lejos. Todos la matamos. Nadie hizo nada por una mujer que merecía ser feliz con su única familia. Hablaba con ella cada mes, poco más, poco menos, cada vez la escuchaba más y más cansada. Recuerdo mucho que un día me dijo con su voz quebrada: “de qué sirve estar vivo si uno no está con la persona que ama”. A mi abuela se le había acabado la vida el día que mi abuelo murió. Su propia existencia no tenía sentido ya. Se dejó morir, se enfermó gravemente de amor/desamor. Pero quien la mató definitivamente fuimos nosotros. Este próximo primero de noviembre habrá siete fotos en la ofrenda, todos víctimas de la vida. Una gran ofrenda con: flores de cempasúchil y flores de terciopelo traídas del mercado de Jamaica; con agua y tequila; con sal y pan; el papel picado: rojo, amarillo, verde, azul, morado, rosa, anaranjado no podrá faltar ni las veladoras de vaso rojo o vidrio con la Guadalupana; algún guisado y las frutas y… todo lo demás, las calaveritas de azúcar y chocolate traídas de Xochimilco; el copal… y todo lo que uno imagina que puede poner en una ofrenda, ahí estará… los abrazos, los besos, las caricias, las palabras de amor y aliento, la salud… Nota: El primero de agosto de 2021 falleció la gata Jazz. Ya había pensado en su muerte, ¿qué haría cuando ella ya no estuviera? me estaba preparando ya. Tres semanas de enfermedad hasta que dejó de latir su pequeño corazón de gata amiga. Es la vida tan triste ahora, más que antes; se ha ido juntando la tristeza. Ya no hay vuelta atrás, todos vamos caminando hacia el camino de la muerte. Rosmalia Alatriste |
A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
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