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05.05.2026
Lluvia López Pachuca de Soto Hay algo inquietante en pensar que muchas de las cosas que nos gustan —la música que escuchamos, la ropa que usamos, incluso la forma en que imaginamos nuestra vida— tal vez no nacieron del todo en nosotros. Nos gusta creer que elegimos libremente, que nuestras decisiones son una extensión auténtica de lo que somos. Pero, ¿qué tanto de eso es verdad? Vivimos rodeados de estímulos que no solo muestran opciones, sino que las ordenan, las repiten y las vuelven inevitables. Las redes sociales, por ejemplo, no son un escaparate neutral: son un filtro. A través de algoritmos vemos una y otra vez los mismos estilos, las mismas opiniones, los mismos modelos de vida. Con el tiempo, lo repetido deja de parecer coincidencia y empieza a sentirse como preferencia. No es que alguien nos obligue a elegir algo en particular. El proceso es mucho más sutil. Funciona porque no lo percibimos como imposición, sino como afinidad. Creemos que algo “nos gusta” cuando en realidad hemos sido expuestos a ello lo suficiente como para familiarizarnos, y la familiaridad, casi siempre, se confunde con gusto. A esto se suma la validación social. En un entorno donde todo puede ser medido —likes, vistas, compartidos— aprendemos rápidamente qué es aprobado y qué no. Lo que recibe atención se convierte en referente, y lo que se convierte en referente termina moldeando aspiraciones. No solo consumimos contenido: consumimos formas de vivir. Lo más complejo de esto es que no elimina nuestra capacidad de decidir, pero sí la condiciona. Elegimos, sí, pero dentro de un marco que rara vez cuestionamos. Y mientras más natural se siente una elección, menos nos detenemos a preguntarnos de dónde viene. Tal vez el problema no es seguir tendencias. Después de todo, siempre hemos sido influenciados por nuestro entorno. Lo realmente inquietante es no darnos cuenta de ello. Porque cuando dejamos de cuestionar el origen de lo que queremos, corremos el riesgo de construir una vida que se siente propia, pero que en el fondo fue diseñada por otros. Quizá no se trata de dejar de elegir, sino de empezar a mirar con más atención nuestras elecciones. Preguntarnos por qué algo nos gusta, por qué algo nos atrae, por qué algo nos parece deseable. Tal vez ahí, en esa incomodidad, es donde empieza una forma más honesta de libertad.
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A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
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