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11/1/2024 0 Comments retrato de ofrenda
23 Octubre 2020
El primer recuerdo y último que tengo de una ofrenda en mi casa en mis años de niñez habrá sido cuando yo tenía apenas unos siete años. La pusimos en la mesita de madera donde mi abuela tenía el teléfono. La ofrenda era sencilla: un poco de sal y agua, una veladora, algunas flores de cempasúchil y la foto tamaño infantil de mi bisabuelo que era la única que mi madre tenía de él. El bisabuelo murió en el año 1992. Yo sabía muy poco de aquel hombre, siempre pensé que era japonés por aquellos ojos rasgados que se cargaba. Murió víctima del queso de cabra. También recuerdo las ofrendas que ponían en mi primaria: grandes y abundantes. Ya para los tres de noviembre nos regalaban la fruta o los dulces que eran de los “muertitos”. Tengo algún recuerdo, pero no muy claro de las ofrendas de la secundaria. En algunas ocasiones fui a la ahora extinta megaofrenda de Ciudad Universitaria; incluso una vez participé en ella, precisamente fue en aquel año que se recordó a la majestuosa artista Remedios Varo. Después de este hecho en mi casa comenzamos a poner ofrendas casi cada año, mi gusto por las ofrendas nació de allí. Al principio no había a quien recordar más que al bisabuelo, después se le unió mi perro, este compañero murió en la colonia portales, víctima de un mal de corazón. Pasaron los años y nadie faltaba. No había muertos a quien recordar o no cercanos. Fue hasta el año en que mi bisabuela se fue después de haber vivido 88 años. No fue víctima de nada ni nadie o quizá, sí, del tiempo, los secretos y del misterio. Meses después se marchó la otra bisabuela víctima de su locura y mentiras. Y ocho meses más tarde mi abuelo se fue, víctima del Sistema de Salud Público y víctima del abandono familiar. Ahora la ofrenda tenía cinco fotos, cinco seres eran recordados simbólicamente cada año. La vida ya no fue igual después de esas muertes. La vida se sentía más pesada, más triste. La última vez que vi a mi bisabuela fue un diciembre, ella se encontraba bien, habíamos estado platicando en su recámara, al rato, abrió su cajón y me regaló una pulsera. Lo último que hice por ella [si eso es hacer algo] fue quitarle las pelusas a unos mallones que usaba debajo del pantalón porque le daba frío en las piernas. Al día siguiente la bisabuela se puso enferma, me despedí mientras ella, acostada en su cama con su cobija color café, me dijo algo que no recuerdo bien, pero lo que sí recuerdo es que me llamó por mi nombre. Supo que yo estaba ahí, quiero pensar que fue el recuerdo más lúcido que tuvo de mí en toda su vida. De igual manera ese diciembre fue la última vez que vi a mi abuelo, nos despedimos arriba de un camión de primera plus, intuyo que él sabía que era la última vez que nos veríamos, lo vi en sus ojos; se despidió de mí como si supiera que jamás volvería a verme. Lloró inconsolablemente. Sin querer nos despedimos. Me dio mucha tristeza verlo así de afligido y desamparado. Yo tenía la ilusión de que nos encontráramos en el verano. Sin embargo, no fui por razones que no recuerdo ahora.... El dolor perdura. Soñé durante mucho tiempo a mi abuelo y a la par, también soñé con un gatito callejero que muy seguido venía a mi casa a dormir y comer, un día no volvió, fue víctima de un vecino neurótico... asesino. La figura de mi abuelo la asocio mucho con ese gato solitario. Hace una semana se fue mi abuela, víctima de la soledad, del desamor, del odio, del abandono. Todos la dejamos morir, los que vivían cerca y los que vivíamos lejos. Todos la matamos. Nadie hizo nada por una mujer que merecía ser feliz con su única familia. Hablaba con ella cada mes, poco más, poco menos, cada vez la escuchaba más y más cansada. Recuerdo mucho que un día me dijo con su voz quebrada: “de qué sirve estar vivo si uno no está con la persona que ama”. A mi abuela se le había acabado la vida el día que mi abuelo murió. Su propia existencia no tenía sentido ya. Se dejó morir, se enfermó gravemente de amor/desamor. Pero quien la mató definitivamente fuimos nosotros. Este próximo primero de noviembre habrá siete fotos en la ofrenda, todos víctimas de la vida. Una gran ofrenda con: flores de cempasúchil y flores de terciopelo traídas del mercado de Jamaica; con agua y tequila; con sal y pan; el papel picado: rojo, amarillo, verde, azul, morado, rosa, anaranjado no podrá faltar ni las veladoras de vaso rojo o vidrio con la Guadalupana; algún guisado y las frutas y… todo lo demás, las calaveritas de azúcar y chocolate traídas de Xochimilco; el copal… y todo lo que uno imagina que puede poner en una ofrenda, ahí estará… los abrazos, los besos, las caricias, las palabras de amor y aliento, la salud… Nota: El primero de agosto de 2021 falleció la gata Jazz. Ya había pensado en su muerte, ¿qué haría cuando ella ya no estuviera? me estaba preparando ya. Tres semanas de enfermedad hasta que dejó de latir su pequeño corazón de gata amiga. Es la vida tan triste ahora, más que antes; se ha ido juntando la tristeza. Ya no hay vuelta atrás, todos vamos caminando hacia el camino de la muerte. Rosmalia Alatriste
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A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
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