Qué cómo era la espía… Nunca la vi de frente. No conozco sus facciones ni gestos. De lejos, tenía aire misterioso como cualquier espía (?). Tenía cabello largo, ondulado y canoso. Usaba lentes redondos, demasiado para sus ojos orientales. Llevaba colores sobrios en su ropa; usaba pantalón holgado, camisa a rayas, saco de pana casualón. Zapatos bostonianos. Llevaba en sus dedos largos varios anillos, a juzgar, de plata. Ella se parecía, de lejos, a mí. Yo me parecía a ella, pero sin canas, yo apenas tenía unas dos que tres. *** -Y ¿cuándo fue la última vez que vio al Cerdo? Que cuándo lo vi… Habrá sido en 2023. Habíamos discutido por… no sé, por cualquier cosa. Estábamos en su casa allá en el norte de la ciudad. Aquel día me armé de valor y le dije: hasta aquí; me golpeó. Quedé inconsciente. Cuando desperté la casa estaba sola. Casi sola. Su perro lamía la herida que me había provocado. Quise irme de inmediato, sin embargo, se había llevado mi auto. Ese auto jamás apareció. Paradójicamente levanté una denuncia por robo de automóvil, pero no por violencia de género. Esa vez… fue la última vez que lo vi. El recuerdo eufórico y violento de su rostro me persigue. Recuerdo el olor a tabaco de sus dedos. Su voz enloquecida aún la escucho, me susurra en el oído: sin mí no eres nadie. *** Que qué pasó con la espía… Pues, conforme pasaron los años la espía se volvió loca. Parecía que ella estaba totalmente obsesionada conmigo, no sé por indicaciones de quién me seguía buscando. Si por empresa de él o la espía se había vuelto su propia jefa. Parecía que el asunto lo volvió personal. -Si, si, pero antes ¿qué más pasó con ella? Nada en particular, después de encerrarnos en el pueblo, una madrugada nos fuimos con ayuda de los vecinos. Huimos. Huimos como huyen las ratas ante el acecho. Huimos a oscuras con las luces del auto apagadas hasta que llegamos a la carretera. Nos fuimos hacia la ciudad de los Angelitos aunque ese no era nuestro destino final. Huir significaba rechazar el cautiverio. Que cuándo nos volvió a encontrar… Pasaron unos meses. La espía dio con mi editor, Lucio. Lo comenzó a seguir a principios de 2027. Él vivía en la Portales. Yo jamás lo visité allí, sin embargo, la tejedora hizo la conexión. Supo, por algún chismoso, que Lucio me estaba ayudando a publicar mi primer libro. Ese libro nunca salió a mi nombre. Una mujer tomó mi lugar para sustituirme [¿otro pleonasmo?]. El libro de mi muerte lo firmó una mujer que sepa de dónde la sacaron ni cuánto le habrán pagado. Tenía una pinta de… bueno, según había estudiado actuación. La contrataron para desviar la atención… Al parecer la espía y el Cerdo devoraron aquel libro editado por Lucio; su corazonada ya les anunciaba algo. Descubrieron rápidamente la farsa de la escritora fantasma. En la película de La flor de mi secreto pasa algo así, ¿la ha visto? Pasa algo parecido. Una mujer que es ama de casa también es, en secreto, escritora, y bueno, ya se imaginará lo que pasa. En mi libro había pistas falsas a sugerencia de mi editora secreta Dead Moon por si alguien creía ilusamente que las dejaría allí. Al aparecer, la espía las creyó porque fue a buscarme al lugar de los canales. ¿Qué clase de espía era esta? ¿Una totalmente psicótica! Que cómo lo supe… En el primer capítulo se describe como es la casa de la protagonista, Rosmalia. Una casa color canario con ventanas color azul pavo ubicada cerca del embarcadero oeste. Resultó que a los habitantes de la casa les fueron a preguntar por Rosmalia. ¿A quién se le ocurre ir a preguntar por un personaje de una novela? A alguien que no conoce el concepto autometaficción. Que cómo lo supe…
Mandé a alguien a preguntar a aquella casa. Y le dijeron que ahí no vivía ninguna Rosmalia Alatriste y que era la segunda vez que preguntaban lo mismo. Ya sé. Parece broma. Mientras nosotras estábamos en Delia Care con un amigo que nos dio asilo en su estudio. De algo sirvió todo esto, porque la espía nos perdió la pista por un buen rato. El estudio se convirtió en nuestro hogar. Mi amigo nos dejó vivir en su casa que estaba cruzando el patio del estudio. ¿Formalizamos familia? ¿Dos lesbianas, el Bebé, un músico depresivo y drogadicto con un montón de aparatos, máquinas e instrumentos viviendo en una estudio musical construido por adolescentes! Me convertí en compositora. ¿Salté al mundo musical! ¿Cómo era así? ¿Escribir canciones? Yo escribiendo canciones era una especie de poeta musical neófita que no sabía nada de música ni de composición ni de melodías ni de instrumentos ni de nada. Hasta la fecha no lo sé y lo notará por mi forma de expresarme respecto al tema. Si se trataba de escribir, yo escribía y ya. Todo volvió a su curso, en el 2029 mi nombre salió en los créditos de un EP de una banda de folk norteña. Era momento de huir. La espía no tardaría en dar con el estudio. -Y ¿a dónde se fueron?… Eso sí no podría decírselo. A un lugar lejos lejos y el Bebé se quedó allá para siempre. Maricarmen se quedó durante algún tiempo con él. Después también se tuvo que ir. Maricarmen y yo nos separamos en mayo del 2031. El Bebé creció y creció como una enredadera. *** CONTINUARÁ… Rosmalia Alatriste
1 Comment
Marcela Quintero Ayala
2/12/2025 07:14:33 pm
Me encanta la forma en cómo utilizas la crónica como recurso literario
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A veces escritora, a veces poeta, a veces artistaSoy Rosmalia Alatriste y escribo cuanta cosa se me ocurre. A veces cuentos, a veces poemas, a veces relatos o reflexiones... en fin, escribo. Archivo
May 2026
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